


LA ILUSIÓN CHOCÓ CON LA REALIDAD

Platense llegó al Maracaná con ilusión, orden y la intención de demostrar que no estaba en los cuartos de final por casualidad. Durante los primeros minutos, el equipo de Martín Palermo logró mantenerse firme y no regaló demasiados espacios. El problema fue que enfrente había un Fluminense que necesitó muy poco para transformar una jugada aislada en un dolor de cabeza. A los 20 minutos, Nonato apareció y puso el 1-0, cambiando por completo el panorama.
Diez minutos después, llegó el segundo golpe: Ganso encontró a Hulk y el delantero definió cruzado para ampliar la diferencia. Si ya era difícil jugar contra Fluminense, Platense además tuvo que enfrentarse a un tipo llamado Hulk, que no parece precisamente el personaje ideal para una noche tranquila. En apenas diez minutos, el partido pasó de "estamos aguantando bien" a "¿cuánto falta para el entretiempo?".
Más allá del humor, el primer tiempo dejó una crítica clara para el equipo argentino: le costó muchísimo sostener la pelota y, sobre todo, generar peligro real en el área rival. Fluminense aprovechó mejor los espacios, manejó los tiempos y fue mucho más efectivo. Platense mostró sacrificio, pero en una cancha como el Maracaná, correr mucho no es suficiente si la pelota pasa poco tiempo por sus pies.
En el segundo tiempo, el Calamar mejoró y se animó a adelantarse algunos metros. Tuvo aproximaciones y algunas oportunidades para descontar, pero volvió a aparecer el principal problema de la noche: la falta de precisión en los últimos metros. Mientras tanto, Fluminense comenzó a administrar la ventaja y hasta tuvo chances de marcar el tercero. Cozzani respondió bien y evitó que la diferencia fuera aún mayor. En otras palabras: Platense volvió a Buenos Aires con dos goles de desventaja, pero al menos evitó llevarse una "valija llena".
La serie quedó complicada, pero no definida. Platense deberá ganar por tres goles en Vicente López para avanzar directamente a semifinales, una misión que parece enorme, pero que en la Libertadores nunca conviene declarar imposible. El equipo argentino tendrá que corregir mucho, jugar mejor y ser bastante más agresivo en ataque. El Maracaná ya le dio una lección; ahora deberá demostrar que aprendió algo. Y si, además, consigue que la pelota entre, mejor todavía.












