


SE BUSCA: LA CONFIANZA PERDIDA

La paciencia se terminó de romper contra Independiente Santa Fe. Una mano suya resultó en un penal para el rival y, para completar una noche fatal, Martínez Quarta falló su remate en la tanda. Desde entonces, cada intervención suya parece tener un VAR propio: si da un pase atrás, hay murmullos; si despeja mal, silbidos; si hace un quite perfecto, hay que esperar unos segundos para comprobar que efectivamente fue él.
Así como el defensor merece críticas por su rendimiento, el hincha también puede mirarse en el espejo. Silbar antes de que un jugador toque la pelota no mejora su juego ni recupera su confianza. River exige, sí, y eso está perfecto. Pero convertir cada partido en un juicio oral tampoco parece la mejor estrategia. El fútbol tiene esa curiosa costumbre de transformar a un villano en héroe en 90 minutos: basta un gol importante para que aquel que hoy es insultado vuelva a ser “el Chino de toda la vida”.
Martínez Quarta todavía puede cambiar la historia, pero tendrá que hacerlo jugando, no hablando. El crédito está casi agotado y el Monumental ya no regala aplausos. Mientras tanto, defensor e hinchada protagonizan una relación bastante argentina: se quieren, se odian, se reclaman y, probablemente, el día que el Chino meta un gol salvador, todos actuarán como si nunca hubiera pasado nada. Porque en River, a veces, el amor dura exactamente lo que tarda una pelota en entrar al arco.






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