
EL GIGANTE HERIDO QUE BUSCA RESTAURAR SU ORGULLO

La tetracampeona del mundo llega a la Copa Mundial 2026 bajo la conducción de Julian Nagelsmann, el entrenador más joven en la historia de la Mannschaft. Su primer objetivo será liderar un Grupo E que comparte con Curazao, Costa de Marfil y Ecuador.
Aunque logró ganar su grupo clasificatorio, Alemania mostró actuaciones irregulares y resultados que reflejan a un equipo que todavía busca consolidar una identidad. Nagelsmann se apoya en la histórica base de futbolistas provenientes del Bayern Múnich; sin embargo, aún persisten algunos interrogantes vinculados al rendimiento y los roles de ciertas figuras, como la utilización de Joshua Kimmich fuera de su posición habitual o el momento irregular que atraviesa Jamal Musiala.
Los teutones mantienen su tradición ofensiva, donde Alemania encuentra motivos para ilusionarse. Florian Wirtz, flamante mediocampista del Liverpool, y el ya consolidado Kai Havertz aparecen como dos de las principales cartas ofensivas de un equipo que busca recuperar protagonismo en la élite internacional, aunque sigue sin encontrar un goleador indiscutido. En defensa, el regreso de Manuel Neuer aporta experiencia y liderazgo, aunque genera dudas sobre su rendimiento debido a sus 40 años. Jonathan Tah se presenta como uno de los pilares silenciosos del seleccionado. En el mediocampo, el joven DT se ve obligado a distribuir la creatividad entre distintos futbolistas.
Lamentablemente, la gran promesa Lennart Karl quedó fuera del Mundial tras sufrir una lesión muscular durante un entrenamiento. Nagelsmann decidió reemplazarlo por Assan Ouédraogo, el joven motor del RB Leipzig, quien recientemente se ha recuperado de un problema de rodilla que limitó gran parte de su temporada.
Más allá de las cuestiones futbolísticas, el aspecto psicológico podría convertirse en un factor determinante durante las cinco semanas y media que durará la competencia. El Mundial exigirá fortaleza mental para afrontar los constantes viajes, las diferencias climáticas y la presión de disputar un torneo que rectifique el orgullo alemán.
Alemania llega a Norteamérica con la convicción de que todavía pertenece al grupo de las grandes potencias. El desafío será demostrarlo dentro de la cancha. Para un país que ha levantado cuatro copas del mundo, superar la fase de grupos ya no es suficiente; lo único que vale es pelear por la gloria.








