


SE APAGÓ LA LOCOMOTORA. EL ADIOS A UN CAMPEÓN

El boxeo argentino despide a uno de sus personajes más emblemáticos: Jorge “Locomotora” Castro, popularmente conocido como "Roña", quien dejó atrás una historia que excede los títulos y las noches de gloria sobre el cuadrilátero.
Su nombre quedó grabado para la eternidad en diciembre de 1994, cuando, en Monterrey, México, enfrentó al estadounidense John David Jackson por el título mundial mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). En el noveno round, exhausto y ensangrentado contra las cuerdas, parecía tener la derrota encima; sin embargo, una izquierda fulminante cambió el destino de la pelea, que más tarde se conocería como "La Segunda Mano de Dios". Jackson cayó, y el argentino consiguió una victoria que todavía forma parte de las grandes páginas del deporte nacional.
Aquel triunfo resumió su estilo: resistencia, potencia y siempre ir al frente. A lo largo de su carrera, Castro se convirtió en campeón mundial y en una figura reconocida mucho más allá del ambiente del boxeo.
Luego de su retiro en 2007, su historia sumó otro capítulo. Durante la pandemia, abrió las puertas de su gimnasio en Temperley para dar de comer a quienes atravesaban dificultades, llegando a abastecer a 250 personas. La iniciativa creció y se extendió a comedores y merenderos. También impulsó “Guantes por la vida”, un programa que llevó el boxeo a las cárceles y buscó ofrecer nuevas oportunidades a través del deporte.
La televisión fue otra de las ventanas que lo acercaron al público. Con su humor, su espontaneidad y su manera directa de expresarse, Castro construyó una popularidad que ya no dependía exclusivamente de su pasado deportivo. Era de esos personajes que difícilmente pasaban inadvertidos.
Hoy, las imágenes de sus combates conviven con el recuerdo de sus iniciativas solidarias.
La última campana ha sonado para Locomotora, pero tu nombre seguirá ligado a una de las noches más memorables del deporte argentino y, a su vez, a una historia marcada por la solidaridad, la cercanía y el compromiso con los demás.
Hasta siempre, “Roña”...




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