


LA ÚLTIMA GRAN OBRA DE FANGIO

Fangio llegó con una idea distinta a la de sus rivales. Mientras las Ferrari de Mike Hawthorn y Peter Collins apostaban por una estrategia que les permitiera evitar la parada, él decidió cargar menos combustible y usar neumáticos más blandos. Quería ir más liviano y rápido al principio, para luego detenerse, cargar combustible y cambiar las gomas.
Durante las primeras vueltas, el plan funcionó. Fangio superó a las Ferrari y tomó el control de la carrera. Pero cuando llegó el momento de entrar a boxes, la parada se complicó más de lo esperado. El equipo perdió mucho tiempo y Fangio volvió a la pista casi 50 segundos detrás de sus rivales.
A partir de ahí, comenzó a recuperar terreno. Pisó el acelerador más fuerte y bajó sus tiempos vuelta tras vuelta, recortando segundos sobre las Ferrari. Llegó a marcar el récord de vuelta varias veces.
Con pocas vueltas por delante, Fangio ya estaba otra vez cerca de sus rivales. Primero alcanzó a Peter Collins y logró superarlo; después fue por Mike Hawthorn, que todavía estaba adelante.
Todo se definió en la última vuelta. Fangio consiguió superar al piloto de Ferrari y cruzó la bandera a cuadros en primer lugar, con una diferencia de apenas unos segundos. Había recuperado casi 50 segundos y dado vuelta una carrera que parecía perdida.
Con ese triunfo, el argentino consiguió su quinto campeonato mundial de Fórmula 1 y se convirtió en el piloto con más títulos de la historia. Hasta que en 2002, Michael Schumacher igualó los cinco campeonatos y, un año después, lo superó al ganar su sexto título.
A los 46 años, en uno de los circuitos más difíciles del mundo, Fangio logró una victoria que parecía imposible tras aquella parada. Esa carrera en Nürburgring terminó siendo su última gran obra.




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