


BRASIL EN UN POZO SIN FONDO

Una selección gigante como lo es Brasil atraviesa, quizás, la crisis más grande de su historia a nivel futbolístico. La pérdida de identidad y la fuga de grandes talentos a Europa antes de su consolidación en el país son los dos factores fundamentales que han llevado a Brasil a dejar de ser Brasil.
La selección sudamericana, después de la paliza recibida por Alemania en 2014, no logró ser lo que parecía estar gestándose. Rusia 2018 fue la antesala de lo que sucedería en los siguientes dos mundiales: una fase de grupos que no sorprendió, clasificación con lo justo en la primera ronda y eliminación rápida en la segunda, mostrando una imagen totalmente adversa a la historia de Brasil.
Alcanzando hitos negativos que nunca en su historia habían sucedido: derrota en el Maracaná ante Argentina en la final de la Copa América y por eliminatorias, por primera vez. Eliminados en cuartos de final del Mundial Sub-20 por Israel. Derrota ante Uruguay después de 22 años. Eliminados en el Mundial Sub-17 en cuartos de final por Argentina, 3-0. Tres derrotas consecutivas por eliminatorias en CONMEBOL rumbo al Mundial 2026. Fuera de los JJOO por primera vez ante Argentina. Cuatro goles recibidos en un encuentro de eliminatorias, por primera vez en su historia, quedando en cuarto lugar rumbo al mundial. Fuera en octavos de final de la Copa del Mundo 2026. Todo esto en ocho años.
La gran respuesta a este pésimo momento es la pérdida de la identidad futbolística de Brasil. Ya no es más el juego colectivo que mostró para conseguir cinco Copas del Mundo; ahora se basa en individualidades (en un nivel bajísimo) y en depender de futbolistas que priorizan su club antes que la selección.
Nuevamente, la selección brasileña no está a la altura de su historia y deberá esperar cuatro años más para intentar romper la racha negativa.












